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¿Por qué los artistas trabajan en series?

Cuando una exposición reúne varias obras que tienen algo en común, es fácil pensar que el artista decidió desde el principio trabajar sobre un mismo tema. A veces es así, pero no siempre. Hay series que nacen de una idea muy concreta y otras que aparecen poco a poco, cuando el artista empieza a darse cuenta de que una obra le ha dejado algo pendiente. Una imagen, una forma de resolver un problema, una determinada manera de trabajar con la materia o simplemente una sensación que no termina de desaparecer.

En esos casos, la siguiente obra no es exactamente una repetición de la anterior. Es más bien una manera de volver sobre aquello que todavía no está resuelto.

Una obra que lleva a otra

En el estudio es bastante habitual terminar una pieza y quedarse pensando en algo que no ha funcionado como se esperaba. Puede ser un detalle pequeño, incluso algo que nadie más llegaría a percibir, pero que para quien ha trabajado sobre la obra resulta difícil de ignorar. A veces se intenta corregirlo en esa misma pieza. Otras veces es más sencillo empezar otra y comprobar qué ocurre si se aborda el problema desde otro lugar. Así puede comenzar una serie sin que nadie la haya llamado todavía serie.

Una obra lleva a otra casi de manera natural. Lo que en la primera parecía una decisión secundaria empieza a cobrar importancia en la siguiente. Una composición se modifica, un elemento desaparece, una determinada forma se repite con alguna variación. El artista va probando, muchas veces sin saber exactamente qué está buscando, hasta que después de varias obras empieza a reconocer que existe una dirección común.

Miradas desde fuera, las piezas pueden parecer relacionadas desde el principio. Desde dentro, el proceso suele ser bastante menos ordenado.

Volver sobre una misma idea

Trabajar sobre algo durante un periodo prolongado tiene una consecuencia interesante: permite empezar a ver diferencias allí donde al principio solo parecía haber repetición.

Un artista puede pintar el mismo rostro varias veces y descubrir que lo que realmente le interesa no es el rostro. Puede trabajar durante meses con un determinado paisaje y terminar dejando el paisaje en un segundo plano. Puede insistir sobre una misma forma hasta que esta acaba perdiendo su significado inicial y empieza a funcionar simplemente como una estructura, una textura o un espacio.

La repetición permite llegar a ese tipo de descubrimientos porque libera, hasta cierto punto, de la necesidad de empezar siempre desde cero. Algunas decisiones ya están tomadas y eso deja espacio para concentrarse en otras. El artista sabe qué ocurre cuando utiliza determinado material, cómo responde una composición o qué problema apareció en la obra anterior. Puede entonces cambiar una sola cosa y observar qué sucede. A veces ese pequeño cambio es suficiente para abrir una dirección completamente distinta.

Las series también cambian mientras se hacen

No todas las series terminan pareciéndose a aquello que el artista imaginaba al comenzar. De hecho, quizá sea más interesante cuando no ocurre.

Una investigación puede empezar alrededor de una idea y desplazarse poco a poco hacia otra. Algo que parecía importante deja de serlo y aparece una cuestión diferente. También puede ocurrir que una obra realizada al principio termine teniendo más relación con otra hecha meses después que con las que la siguieron inmediatamente.

Por eso, cuando varias obras se colocan juntas en una exposición, aparecen relaciones que no siempre eran evidentes mientras se estaban haciendo. Hay repeticiones que el artista no había buscado conscientemente y diferencias que adquieren sentido precisamente al compararlas. El conjunto permite ver el recorrido de una manera que ninguna de las obras podía mostrar por separado. En ocasiones, incluso ayuda al propio artista a entender qué estaba haciendo.

Una búsqueda que no necesita resolverse en una sola obra

Quizá esa sea la razón más sencilla para entender por qué tantos artistas trabajan en series. Hay ideas que necesitan tiempo y hay preguntas que no caben dentro de una sola obra.

Una pieza puede acercarse a una cuestión y dejarla abierta. La siguiente puede insistir desde otro ángulo y encontrar algo diferente. Después puede llegar una tercera que contradiga a las anteriores o que descubra que el verdadero interés estaba en otro lugar. No hay necesariamente una progresión ordenada. A veces se avanza, se retrocede y se vuelve a empezar.

Tampoco todas las series tienen que durar mucho tiempo. Algunas se agotan después de unas pocas obras porque la pregunta deja de interesar. Otras acompañan al artista durante años y terminan mezclándose con nuevas preocupaciones. Incluso puede llegar un momento en el que ya no tenga sentido hablar de una serie, aunque las conexiones entre unas obras y otras continúen existiendo.

Al final, trabajar en series tiene menos que ver con producir varias obras parecidas que con darse el tiempo necesario para permanecer alrededor de una idea. Volver a ella, cambiarla, ponerla en duda y comprobar hasta dónde puede llevar.

Y quizá sea precisamente ahí donde una serie deja de ser un conjunto de obras relacionadas y empieza a convertirse en una forma de pensamiento.